21 de noviembre, Fiesta de la Presentación de Nuestra Señora

21 de noviembre, Fiesta de la Presentación de Nuestra Señora, Una fiesta de tradición bíblica.
Icono de la Presentación en el Templo de la Madre de Dios. Por el Hiero monje  Cyrille. (bradette)

 

 

Entre los judíos existía la costumbre de consagrar a Dios algunos niños de corta edad; se les llevaba al templo, en donde había una ceremonia de consagración. El Evangelio no nos dice nada de la infancia de María pero la tradición es más explícita; ella nos enseña que la Virgen en su infancia fue ofrecida solemnemente a Dios en su templo. Esta presentación es el sujeto de la fiesta que celebramos el 21 de noviembre.

En el ícono vemos al sumo sacerdote Zacarías que se inclina sobre ella, la bendice colocando su mano derecha sobre la frente y la acoge tomándola de la mano derecha. Él es el portavoz de la alegría que la humanidad no puede todavía nombrar.

 

Puede que el origen de la fiesta sea de palestina ya que sabemos que en noviembre de 543, en Jerusalén tuvo lugar la dedicación de la basílica de Santa María la Nueva. La fiesta fue introducida en la Iglesia en el siglo VIII y ha conocido un desarrollo considerable a partir del siglo XI llegando a ser extremadamente popular durante la Edad Media. Poco a poco esta fiesta se convirtió en el símbolo de la consagración que la Virgen Inmaculada hizo de ella misma al Señor en el alba de su vida consciente. También es bueno que contemplemos en María “plena de gracia” el modelo de vida consagrada. Modelo para todos los cristianos que por el bautismo son consagrados a Dios incorporándolos a Cristo, María es, a título especial, el modelo de aquellos y aquellas que han querido hacer de su vida una respuesta total al llamado del Evangelio, uniéndose al Señor por los votos de pobreza, castidad y obediencia. Ella es también el modelo de aquellos que se consagran para siempre en el sacerdocio al servicio de Cristo y de la Iglesia. Es interesante saber que Jean Jacques Olier (1607-1658) fundador de los Sulpicianos, como muchos miembros de la Escuela de Espiritualidad Francesa, tenía una devoción intensa hacia la Virgen María. En 1650 él decidió dar como fiesta principal a los primeros seminarios la Presentación de la Virgen en el Templo e instituyó para ese día una ceremonia de renovación de las promesas clericales.

San Juan Eudes, también de la Escuela Francesa, fundador de las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad en 1641, dio a esta fiesta un significado especial invitando a las hermanas a renovar sus votos en este día. Santa María Eufrasia Pelletier continuó esta devoción en el siglo XIX e invitó a sus hermanas a preparar esta fiesta con un retiro de tres días.

Para nosotros hoy, esta fiesta nos enseña una gran verdad sobre María. Por su consagración a Dios desde muy joven, fue llamada por Dios para transformarse en un templo más grande que el majestuoso templo de Jerusalén. Si el templo de Jerusalén era la casa de Dios, el lugar donde se creía que Dios estaba presente de una manera especial, María se convirtió en la casa del Señor de una manera más importante porque llevó al Señor a su vientre antes traerlo al mundo. Como María, que desde la infancia ha hecho la voluntad de Dios y como resultado, estaba lista para convertirse en el templo del hijo de Dios cuando Dios lo quiso, también estamos llamados a hacer la voluntad de Dios para que podamos convertirnos en los templos del Señor, un pueblo que lleva la presencia del Señor y que revela a los demás la presencia de Dios en ellos.

Al escribir a la Iglesia de Corinto, San Pablo dijo: “¿No saben que son el templo de Dios? En este día festivo, pidámosle a María que interceda por nosotros para que podamos reconocer la verdad sobre nosotros mismos, también somos los templos: la presencia de Dios unos con otros” (Adaptado de Martin Hogan)