Amar al pobre es amar la vida.

 

¿Qué significa hoy, para la Iglesia el testimonio de Aguchita y de manera especial para nosotras, nosotros?

 A quienes conocemos a Jesús Buen Pastor, nos resulta fácil conocer y maravillarnos del testimonio de Aguchita. Ella dice: “Soy religiosa del Buen Pastor y estaré en el lugar de mi trabajo hasta dar la vida, si Dios lo quiere. El martirio de la vida religiosa es cada día”.

“Las personas de La Florida nos esperan y como religiosas tenemos que estar con ellas hasta quemar el último cartucho, no las vamos a abandonar, nosotras somos responsables de esas personas, aunque sea una sola persona”.

Ella nos precedió en ser un testimonio fiel de la misericordia y la justicia. Le tocó estar y trabajar en un lugar de conflicto y de grandes injusticias. En las pequeñas cosas de cada día, vivió la compasión, la ternura, la misericordia, con un corazón grande, amando a todos sin distinción alguna y cuidando la vida. “Amar al pobre es amar la vida. Es amar al Dios de la Vida”, decía.

Jesús nos ofrece una vida en abundancia (cf. Jn 10,10), una vida llena de Dios, una vida de salvación. Celebremos esta vida abundante en esta Eucaristía y que por la intercesión de Aguchita, Dios nos conceda a cada una y cada uno gracias y bendiciones para nuestras vidas.