Santa María Magdalena

 

Hoy, 20 años después de que María Teresa Porcile Santiso ha hablado en la Asamblea General Contemplativa de 1997, publicamos fragmentos de su discurso inaugural:  

María Magdalena, mujeres contemplativas

Texto por Sr. Edith Olaguer, Provincia de Nueva York-Toronto

 

Hoy, es con gran alegría que pensamos en María Magdalena como mujer contemplativa.  Es una nueva visión de la historia de la espiritualidad.  Hoy, se está volviendo a descubrir a María Magdalena.

En el jardín, según Juan 20, María de Magdala está sola. Los jardines bíblicos indican una geografía.  La Biblia se abre y se cierra en un jardín.  En el primer “jardín”, según la tradición Yavista en Génesis 2, está la escena de la creación de Adán (ser humano) de "ish" (hombre) y de "isha" (mujer).  Ahí dice que “Dios plantó un jardín” con ríos para regar sus plantas y sus árboles.  Es un jardín que se debe cultivar y mantener.  Parece ser que Adán no pudo hacer eso solo, necesitó ayuda. Entonces Dios adormentó a ese Adán – la humanidad – y de él surgió un nuevo ser capaz de ser nombrado (él mismo dio un nombre a esta parte durmiente de su ser que ahora aparece ante sus ojos.)   El Dios-Creador, alfarero en el versículo 7, se vuelve cirujano.  Lleva a cabo una operación en la carne, haciendo un hueco en “la Humanidad” y creando la diferencia. El hueco se abre.  Entonces el hombre "ish" habla y da a esa mujer que está frente a él el nombre de "isha."

¿Cómo podríamos no pensar, a estas alturas, en ese Adán que será Jesús, durmiendo en la Cruz, despertado del sueño de la muerte y en la tumba vacía, en el hoyo en el que su cuerpo fue colocado en la tierra?. Despertar a Cristo será de hoy en adelante el protagonista de un encuentro de re-creación en este jardín de la 'segunda Génesis'. Este Adán habla y dice "Mujer" exactamente como el primero dijo "Isha".  Pero aquí hay una gran diferencia.  En Génesis "Isha"  no contestó.   Dejó Adán hablar, se dejó nombrar.  La novedad  en el jardín de la Resurrección reside en el hecho de que cuando este nuevo Adán nombra a la mujer, esta responde.    Estaba buscando el cuerpo de la persona que amó, lo quería aunque estuviera muerto. Su respuesta está en la búsqueda y lo hizo explícitamente... "dime dónde lo has puesto "...   tú, el jardinero.

El Jardinero usa su nombre para llamarla, su nombre propio, personal, íntimo, "María."   Al escucharse llamar, lo reconoce y a su vez usa su nombre para llamarlo, pero no su nombre personal, sino que se dirige a él llamándolo "Rabbouni"    (Maestro).  Se dirige a él llamándolo en el marco de una relación.

En ambas historias, la Biblia nos hace descubrir el  "Jardín", el lugar de todos los encuentros amorosos – de ahí el Cántico de los Cánticos, que en ocho de sus capítulos nos hace cantar esa búsqueda. En el curso de la historia de la salvación, entre el Jardín de la Creación y el de la re-creación / Resurrección, está este jardín de amor que es la erupción de lo eterno en la historia.  Este jardín del Cántico es, se podría decir, un encuentro de Amor, en el que la tierra entera es el Jardín.

El primer jardín de la Génesis y el Jardín de la Jerusalén celestial son cósmicos y universales: son la voluntad de Dios que nos creó para tener armonía y comunión.  Por eso el encuentro en esa mañana de nueva Creación será en un jardín.  Por lo tanto, la historia comienza de nuevo, no como un retorno eterno sino como una evolución.

A la mujer anónima de Génesis, 'isha,' que no habló y no contestó al oírse nombrar por el hombre 'ish', ahora le corresponde una mujer que tiene un nombre propio, "María", que no solamente habla sino que también responderá al Maestro y tendrá que anunciarlo.  Quizás esta es la característica distintiva en la figura de María Magdalena.  Esa mañana de Resurrección, en ese encuentro con Jesús, se abre una nueva creación.  Todo comienza de nuevo – todas las cosas se vuelven a hacer, nuevas.