Alimento para los formadores

 

 

La hermana Roshanthi Ranwatta de Sri Lanka, Provincia de Sri Lanka-Pakistán, la hermana Hortense Prosper Aime Saholinirina de Madagascar, Distrito de Las Islas, y la hermana Marie Jean Bae de Corea, Provincia de Asia del Nordeste, llegaron a Roma en enero de 2020 para iniciar su programa de Formación de Formadores de cinco meses ofrecido por la Unión Internacional de Superioras Generales. Durante este período, vivieron en la casa internacional de formación de la Congregación en Roma. Cuando vuelvan a sus provincias de origen, la hermana Hortense y la hermana Roshanthi asumirán cargos formativos, mientras que la hermana Marie Jean continuará en su cargo como persona de contacto provincial para la Oficina para el Desarrollo de la Misión en Asia-Pacífico.

 

¿Cuál aspecto de tu formación fue más transformador para ti durante tus estudios en el programa?

 

RR: Llegué a una mejor comprensión de cómo nuestras estructuras formativas necesitan ser más flexibles, abiertas y adaptables para poder responder a los valores, las experiencias, la cultura y la forma de pensar de nuestras hermanas más jóvenes. Necesitamos ofrecer una formación más centrada en las personas que ha de ser participativa, experiencial, contemplativa y conectada. Para mí, este aprendizaje supone una continuación del diálogo que ha surgido en mi provincia sobre cómo podemos implementar la formación de manera más holística, en particular a la luz del Suplemento 2019 de la Congregación a sus Directrices de Formación 2014.

 

HS: Descubrí que la escritura de una autobiografía como recurso de discernimiento fue un aspecto clave de la formación. Visto el aprendizaje sobre mí misma durante el curso, me he dado cuenta de en cuánta mayor profundidad necesitamos reflexionar sobre nuestros caminos autobiográficos. Valoro profundamente este aspecto de ahondar en el autoconocimiento y la conciencia de una misma y de haber aprendido tanto sobre mí misma. Esta es una herramienta esencial de la formación que usaré con mis participantes durante su formación para ayudarles en su discernimiento durante su formación inicial y permanente.

 

MB: Tomé conciencia de que la formación no debe limitarse a las hermanas. Hoy en día, todos somos asociados de la misión, y nuestros asociados laicos también han de participar en la formación. Esta formación no ha restringirse a la historia, el carisma y la misión del a Congregación, sino que ha de extenderse para abarcar una perspectiva mucha más amplia e incluir sus aportaciones respecto de la dirección futura.

 

 

Uno de los temas abordados en el programa fue la «convivencia intercultural». ¿Cómo han vivido la interculturalidad en la Congregación?

 

RR: Antes de participar en el curso, como presidenta del equipo de formación de Asia-Pacífico, ya había tenido la oportunidad de experimentar la interculturalidad y la internacionalidad de la Congregación. Este fue un privilegio y gran enriquecimiento para mí. Hace poco, mi aprecio de las diferencias se intensificó más todavía al vivir en la casa internacional de formación con 12 hermanas de 11 países distintos. Una manera efectiva de valorarnos y mostrarnos afecto es crear un espacio donde puede expresarse la cultura.

 

HS: Dado que vengo de una provincia de tres islas, pensaba que estaba algo experimentada con la interculturalidad. Sin embargo, al escuchar las historias de las demás 41 estudiantes de 20 países diferentes con las que compartí estudios fue una inspiración enorme para mí. Aprendí cosas nuevas y me siento mejor preparada para compartir el significado de esto y apoyar a las hermanas más jóvenes que se están preparando para una experiencia internacional.

 

 

MB: Para mí, la casa internacional de formación se convirtió en un lugar de oportunidades para aprender sobre la interculturalidad y la internacionalidad. Fue muy emocionante compartir y experimentar la cultura –y la gastronomía– de cada una. No obstante, lo que más valoré fue la creatividad de nuestras liturgias. En Corea, hacemos juntas nuestras oraciones de la mañana y de la tarde del Oficio Divino, pero en la casa internacional de formación incluso usamos YouTube como parte de la liturgia - ¡todo un descubrimiento nuevo para mí!

 

 

Por último, ¿cómo afectó tu experiencia de este curso el brote de la COVID-19?

 

RR: Fue desafortunado el confinamiento al restringir nuestra interacción con otras participantes porque limitó nuestro intercambio y divulgación de sabiduría e información. Esto también implicó el aspecto del acompañamiento: al hacerse exclusivamente en línea, la oportunidad para practicar y desarrollar esta capacidad fue reducida. A pesar de esto, considero que la enseñanza continúo en línea sin que los contenidos del curso se viesen afectados.

 

HS: Antes de que empezase, habíamos recibido todos los materiales del curso por lo que, a pesar de la pandemia, me sentí bastante preparada para seguir la enseñanza en línea con facilidad. Esta situación conllevó la ventaja añadida de ofrecer más tiempo para la reflexión personal. Sin embargo, el curso fue intensivo y hubo gran cantidad de información para absorber en poco tiempo. Porque todavía no puedo volver a mi provincia de origen, estoy dedicando este tiempo adicional para seguir repasando, reflexionando y estudiando los estudios que hemos completado.

 

MB: Esta fue mi primera experiencia de aprendizaje en línea, y considero que sí afectó mi vínculo emocional con el programa. Sin embargo, vivir el confinamiento en la casa internacional de formación nos presentó la oportunidad para crear algo que nunca hubiese surgido en otras circunstancias: ¡el huerto internacional! Junto con otras hermanas, tuvimos tiempo para labrar los terrenos que rodeaban la casa y plantar muchas verduras. Antes de partir, incluso pudimos disfrutar de las recompensas de nuestro trabajo y cosechar los alimentos que iban a utilizarse en nuestra cocina – ¡además el exceso pudo enviarse al Generalato u ofrecerse a nuestros vecinos! Este me enseñó que, incluso en una situación de crisis, se puede crear vida nueva y cultivar algo nuevo y bueno.