Amor, el Corazón del Universo. Cuarta Semana

 

Empezamos la semana con el camino de vida de San Juan Eudes hacia la fundación de Nuestra Señora de la Caridad.  Tuvimos la suerte de tener como guías para este camino a las Hermanas  Marie Françoise Le Brizaut y Angela Fahy. Pudimos hacer memoria de muchos acontecimientos de la vida de San Juan Eudes que llevaron a fundar nuestra Congregación.   

 

Su experiencia del gran amor de Dios para con todos fue la energía que lo llevó a la acción a lo largo de toda su vida. Este amor profundo se volvió respuesta compasiva en particular hacia los excluidos de su tiempo.  

 

San Juan Eudes vio todo en el gran Corazón de Dios y consagró la Congregación a los Corazones de Jesús y de María, encarnación de ese gran amor. Y fue este amor lo que instó a las Hermanas de Nuestra Señora de la Caridad a cuidar de las mujeres y adolescentes que la sociedad de ese tiempo marginaba. 

 

Al reflexionar sobre la vida de San Juan Eudes a las participantes se las invitó a dar nombre a los marginados de nuestro tiempo y de nuestras sociedades y examinar nuestra actitudes interiores y nuestros prejuicios hacia los que parecen ser diferentes.  

 

La Hermana Anne Josephine Carr siguió relatando la historia de la Congregación recordando la vida de Santa María Eufrasia. Empezó narrando la vida libre de Rosa Virginia en la isla de Noirmoutier, seguida por sus años como alumna  en Tours, su vida como Hermana de Nuestra Señora de la Caridad y los eventos que llevaron a la formación del Generalato.  

 

Fuimos invitadas a centrarnos en María Eufrasia como persona, a considerar cómo su entorno y sus experiencias hicieron de ella la persona que fue.  Al igual que nosotras, María Eufrasia tuvo que aprender a desarrollar sus dones. A través de errores y malentendidos creció en sabiduría y madurez. 

 

Ella también experimentó el gran amor de Dios y esta experiencia la ayudó a superar todos los obstáculos.  Este amor se derramó en compasión hacia los vulnerables de la sociedad y permitió que la Congregación se difundiera en el mundo entero. 

 

La Hermana Noreen O’Shea nos ayudó a conectar nuestro carisma con Laudato Sí, centrándonos en cuatro elementos: identidad, creatividad, espiritualidad e interconexión. Una vez más nos dimos cuenta de nuestra conexión con la Tierra y pudimos ahondar más en el movimiento de evolución del Universo y también de nuestra Congregación. 

El mantra de Laudato Si  # 80 nos ayudó a volver una y otra vez al tema en cuestión: El Espíritu de Dios llenó el universo con virtualidades que permiten que del seno mismo de las cosas pueda brotar siempre algo nuevo.