El centro de una pandemia

 

La ciudad de Nueva York siempre se ha considerado a sí misma como el centro del universo. Bueno, aquí estamos en 2020, ¡en el Epicentro de la pandemia de COVID-19 en los Estados Unidos! Esto lleva a un neoyorquino a reflexionar.

 

Aunque vivo en este centro estoy al margen porque durante esta pandemia se me considera como "no esencial" por mi edad. Mi único trabajo es permanecer en casa y no aumentar la carga de un sistema sanitario desbordado. Las actividades de los apostolados, en las que participaba activamente, para mí ahora están cerradas.

 

En esta situación busco un centro. Mi corazón se vuelve hacia las personas que trabajan en nuestros programas provinciales, especialmente en las residencias, ya que este ha sido mi trabajo durante muchos años. El BP tiene más de 200 personas en residencias con atención las 24 horas en toda la provincia.  Estuve en situaciones de encierro con jóvenes adolescentes cuando las tormentas de nieve o los cortes de electricidad paralizaban el tráfico de la ciudad. Pero estaba a salvo, sabía que la nieve se derretiría y afuera no tenía responsabilidades familiares. Hoy el personal no sabe cuándo acabará esta situación, ellos/as no saben si están a salvo y tienen hijos y responsabilidades familiares además del compromiso con los niños de los hogares BP. Aun así, están allí, en el verdadero centro del compromiso del BP. Con sonrisas en sus rostros. Con determinación. Con creatividad para asegurar paz y seguridad a los niños. Pienso en el personal todo el tiempo y reflexiono: ellos/as son el centro de la presencia de Dios, expresiones de la compasión. Espero que tengan un momento cada día para centrarse observando los árboles en flor y las flores de primavera que florecen en nuestro entorno urbano.

 

Por mi experiencia de trabajo a nivel internacional sé bien que Nueva York no es realmente el centro del mundo. Y aunque es golpeada duramente por el virus, he de admitir que mi espíritu está con las personas y los lugares de todo el mundo que he conocido a lo largo de los años, ¡que me están contactando en estos días para saber cómo estoy, cómo estamos en Nueva York! Pienso en los barrios marginales superpoblados de Mumbai, los campos de refugiados rudimentarios en el área del Mediterráneo, los distritos mineros del Congo, etc. - los lugares donde hay poca privacidad y donde hay escasez de agua potable y menos aún es posible lavarse las manos constantemente. Pienso en la frase sencilla que me escribió una hermana de África: "Tenemos miedo". Estoy asustada como ella, por ella, y me doy cuenta de que debemos de detener el miedo tiernamente en el centro de la experiencia espiritual.

 

Con todo esto - centro y margen - rezo de maneras nuevas con mi pequeña comunidad. A veces en el vacío o en el lamento. Otras veces a través de videollamadas en grupo (zoom). O bien, encontrando nuevos significados en los nuevos poemas o las célebres palabras de Tagore o Rilke. Siempre teniendo presente en la oración alrededor de nuestra vela a cada persona que sirve a la misión del BP, muchas veces diciendo su nombre. Puede parecer no esencial, sin embargo, creo que desde el margen nuestra misión siempre se ha extendido hasta donde encontramos la misericordia y la compasión de un Dios con corazón humano. Y creo que es allí donde está el centro.

 

Reflexión de Clare Nolan, Buen Pastor, Nueva York