La salvaguardia: la nueva evangelización

 

La hermana Jane Nway Nway Ei de Myanmar, en la Provincia de Asía del Este, llegó a Roma en septiembre de 2018 para iniciar su licenciatura de dos años en Salvaguardia de Menores en la Pontificia Universidad Gregoriana. Terminó los estudios universitarios en junio de 2020 y cuando regrese a su provincia en septiembre trabajará con el equipo provincial de salvaguardia y apoyará el desarrollo de los programas de prevención y protección de menores de la diócesis.

 

¿Como ha cambiado este curso tu comprensión de la salvaguardia?

He tomado conciencia de que la salvaguardia es parte de un camino integral desde el nivel intelectual a nivel de corazón. No es meramente algo que aprendemos y aplicamos, sino que es algo que ha de ser experimentado, algo que nos toca al mismísimo corazón. Es un camino que debe iniciarse con una conversión personal. Ahora entiendo al salvaguardia como una misión: es la nueva evangelización de los tiempos actuales.

¿Cuáles retos se afrontan al implementar la salvaguardia en Myanmar?

La ley protege a los menores en Myanmar, pero la implementación de estas políticas ha sido contracultural debido a la continuidad de la creencia arraigada de obligada obediencia a personas con cargos de autoridad. Por este motivo muchas veces ha sido difícil para los niños hacer público el maltrato. Tampoco hay un entendimiento de que el abuso no es solo sexual y que puede ser físico, emocional, espiritual o incluso ocurrir a través del uso de la pornografía. Debemos promover estilos de crianza no violentos y asegurar que las personas implicadas en los ministerios con niños no les disciplinen físicamente ni abusen de ellos. Implementar esta nueva comprensión conllevará una nueva forma de convivencia en nuestras comunidades — una basada en la actitud de tolerancia cero frente al abuso.

Hiciste unas prácticas durante cinco meses en la diócesis de Limerick, Irlanda. ¿Qué aprendiste de esta experiencia y su enfoque de la protección de menores?

La crisis de abusos en Irlanda fue importante y obligó a la Iglesia y a la sociedad a abrirse, afrontar retos nuevos, colaborar juntos y aprender de las experiencias. Fui testigo de cómo el enfoque de la salvaguardia en la diócesis de Limerick se basa en el trabajo en equipo. Presencié cómo todas las personas están dispuestas a asumir la responsabilidad y ejercer su papel: el obispo, el director de la salvaguardia, los curas, el equipo, los padres y la comunidad colaboran juntos al unísono. Todos son iguales. Llegué a entender que el fallo de una única persona puede afectar la estructura íntegra. Este enfoque colaborativo es profundamente generador de vida. Vi cómo la Iglesia, que estaba casi muerta, pudo volver a mostrar señales de vida.

¿Cómo puede Myanmar aprender de la crisis de abusos en Irlanda?

En Myanmar todavía queda mucho por hacer para reconocer los abusos infantiles que se han cometido. Todavía necesitamos acoger el dolor. En Irlanda, cuando las víctimas alzaron sus voces, las personas escucharon. Sin embargo, nuestro sistema de denuncias en Myanmar todavía es muy deficiente y las voces de las víctimas no han sido registradas. Hay muchísimo desconocimiento. Contamos con estadísticas sobre el trabajo infantil, pero no sobre el abuso sexual infantil. Ya no podemos seguir viviendo en la negación. Debemos escuchar a las víctimas del abuso y ofrecer un apoyo y acompañamiento adecuado tanto a la persona abusada como al perpetrador. Como es el caso en Irlanda, debemos animar a los supervivientes del abuso a pronunciarse y enseñarles que no son víctimas.