Rezando en Semana Santa con San Juan Eudesen tiempo de Coronavirus

 

 

 

  • Un momento para abrirse y acoger

Encuentro un lugar que me gusta, donde tengo el gusto de estar, me siento o camino - me hago consciente de mi cuerpo - me concentro en su respiración - me pongo a disposición - dejo que lo que surja en mí - acojo - la pandemia - las fronteras que se cierran - el enfermo - el miedo a ser contaminado - el confinamiento...

Puedo ver lo que hay dentro de ti, mis reacciones a la situación, al cambio radical en mi vida diaria. Nombro lo que hay en ti - lo que te preocupa - los sentimientos que corren a través de mis miedos - mis esperanzas - mis expectativas - mis deseos.

 

Me estoy abriendo... Estoy descentrado...

Estoy escuchando... Estoy acogiendo

 

  • Un tiempo para contemplar y dar gracias

Tomo mi Biblia, el Leccionario, un pasaje de un libro que me gusta o una reflexión de alguien que arroja luz sobre mi situación actual y contemplo: Salmo 103 - Génesis 1 - Juan 11

“¿El hombre? Sus días son como la hierba, florece como la flor del campo: cuando sopla un viento sobre ella, desaparece, y el lugar que ocupaba ya no la reconoce". (Salmo 103,15-16)

"Todos somos miembros de la gran familia humana, todos creados a imagen de Dios”. (Génesis 1,27).

 "Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí vivirá, aunque muera; y todo el que vive y cree en mí no morirá jamás. ¿Crees en esto?" ¿Crees esto?" (Juan 11, 25-26)

¿Cómo reacciono a esta crisis? ¿Con miedo? ¿Con fe?

También me tomo el tiempo para entrar en la experiencia de San Juan Eudes cuando se fue para unirse a las víctimas de la peste:

Extractos del libro de Paul Milcent "Un artesano de la renovación cristiana en el siglo XVII".       

"En 1627, Juan Eudes estudiaba en París, y fue allí donde recibió algunas noticias inquietantes del país natal de su padre: ¡la peste comenzaba de nuevo!... Durante 18 meses, fue sacerdote de Jesús, el pastor que da su vida: tuvo que ir a las profundidades de la miseria. Fue acogido por un buen sacerdote que lo alojó en su casa... todas las mañanas, celebraban la misa juntos y salían juntos, Juan Eudes llevaba al cuello hostias consagradas en una pequeña caja de lata... iban a buscar a los enfermos... esto duró más de 2 meses... La epidemia cesó y el joven sacerdote regresó a París... cuando Juan Eudes, anciano, registró estos recuerdos en su diario, escribió sobre la pequeña caja de lata: “está en el fondo de mi baúl”. Así, mucho tiempo después, guardó de forma preciosa este recuerdo ligado a un acto que había comprometido definitivamente su existencia al servicio de sus hermanos más heridos." (Página 37)

"Veremos a menudo a Juan Eudes cerca de los pobres, atento a las situaciones muy frecuentes de sufrimiento a su alrededor... Esta miseria iba a aumentar brutalmente; una nueva siembra de miedo; la peste estaba allí de nuevo... se cobró víctimas en 1630... y luego se reanudó mucho antes de la primavera de 1631. Juan Eudes, como en 1627, decidió comprometerse personalmente. Trataron de disuadirlo, pero él se rió en respuesta a que no temía nada ya que él mismo era más malo que este mal... Juan Eudes quería ayudar a los enfermos, decidió vivir como aquellos a los que ayudaba: estaban aislados en los campos, protegidos en grandes barriles, allí rezaba, dormía, comía... el Padre de Répichon, superior del Oratorio de Caen, y otros 2 oradores también se vieron afectados. Juan Eudes volvió a casa con sus hermanos enfermos, quería cuidarlos, darles todos los servicios corporales que estamos acostumbrados a dar a otros enfermos... el superior y uno de los padres murieron en sus brazos... Juan Eudes, exhausto, se enfermó gravemente, estaban preocupados por su vida... Juan Eudes no murió... ¡Se recuperó y salió más fuerte de esta prueba!  ¡Se había dejado llevar hasta las raíces por el Evangelio de Jesús!" (Página 45)

Doy gracias por lo que he descubierto en estos textos. Doy las gracias a la naturaleza por recuperar sus derechos - la contaminación disminuye - la respiración se hace más fácil - los animales recuperan su libertad - el dinero ya no lidera el mundo - la igualdad para todos frente al virus - la creación de nuevos vínculos - la solidaridad reforzada...

 

Medito en los textos que han hablado a mi corazón

Adoro a Jesús, el rostro humano del amor de Dios.

 

 

  • Un tiempo para vivir el perdón

Extractos de la oración y la bendición de Urbi et Orbi del 27 de marzo de 2020 en la Plaza de San Pedro

La tormenta desenmascara nuestra vulnerabilidad y revela esas falsas y superfluas seguridades con las que hemos construido nuestras agendas, proyectos, hábitos y prioridades.

Con la tormenta, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros "egos", siempre pretenciosos de querer aparentar; y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos: el hecho de ser hermanos”.

"¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?». Señor, esta tarde tu Palabra nos interpela y se dirige a todos. En nuestro mundo, que Tú amas más que nosotros, hemos avanzado a toda velocidad, sintiéndonos fuertes y capaces de todo. Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas, no nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo, no hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo. Hemos continuado imperturbables, pensando en mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos, "Despierta, Señor".

Cuando miro a nuestro mundo, cuando me miro a mí mismo en el corazón de esta sociedad donde vivo muy protegido en mi comunidad, mi familia, mi medio ambiente, ¿qué descubro?

  1. ¿El llanto de los pobres? ¿Mi compromiso con los pobres?
  2. ¿El planeta que se asfixia... que sufre... que grita?
  3. ¿Cómo se ve desafiada mi fe por lo que nos está pasando?

Perdóname, Señor, por haber maltratado la naturaleza. Perdóname por ser uno de los que estaban en la loca carrera por consumir. Perdóname por el miedo, por la falta de fe, por no creer que estés durmiendo en el cojín del barco, y que estés ahí en el corazón de esta crisis, en el corazón de esta tormenta planetaria.

 

Vengo a ti Cristo con mis vulnerabilidades,
mis miedos y me dejo salvar por ti aceptando que actúes en mí.

 

 

  • Un tiempo para entregarse a Jesús para...

Extractos de la oración y la bendición de Urbi et Orbi del 27 de marzo de 2020 en la Plaza de San Pedro

"¿Por qué tenéis miedo? ¿Aún no tenéis fe?”. Señor, nos diriges una llamada, una llamada a la fe. Que no es tanto creer que Tú existes, sino ir hacia ti y confiar en ti.  En esta Cuaresma, resuena tu llamada urgente: "Convertíos", "Volved a mí con todo corazón" (Joel 2,12). Nos llamas a tomar este tiempo de prueba como un momento de elección. No es el momento de tu juicio, sino de nuestro juicio: el tiempo para elegir entre lo que cuesta verdaderamente y lo que pasa, para separar lo que es necesario de lo que no lo es. Es el tiempo de restablecer el rumbo de la vida hacia ti, Señor, y hacia los demás. Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes y corrientes, a menudo olvidadas, que no aparecen en las portadas de los periódicos y de las revistas, ni en las grandes pasarelas del último espectáculo pero que, sin duda, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras, encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes, religiosas y tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo.

Voy dentro de mí... escucho al Espíritu dentro de mí... ¿qué me dice el Espíritu? ¿Qué puedo darle a Jesús para...?

Comprometerme a construir un mundo nuevo, una sociedad donde la economía ya no sea una carrera por el dinero, sino una economía por la vida, una sociedad basada en los valores del Evangelio, en el respeto a los demás, en el bien común.

Me tomo el tiempo de escribir mi poema, mi texto, sobre lo que me gustaría dar a Jesús y a otros en este tiempo de vulnerabilidad, fragilidad y también de interioridad.

 

Me entrego a Jesús y le dejo revivir en mí
su Misterio Pascual de muerte y Resurrección.

 

“Espíritu de Dios, Don del Padre, Tú eres el Espíritu de nuestras mentes, el Corazón de nuestros corazones. Siempre estás con nosotros y dentro de nosotros. ¡Bendito sea eternamente por tantas Maravillas! Espíritu de Jesús, Don del Padre, Tú formaste a Jesús en nosotros desde nuestro Bautismo, nos haces miembros de su Cuerpo, en la Iglesia. Danos tu Aliento, guíanos, para que todos nuestros pensamientos, palabras y acciones tengan su fuente en Ti. ¡Bendícenos eternamente por tantas Maravillas! Espíritu de Jesús, Don del Padre, ayúdanos a luchar contra el mal que nos aleja de Ti y a elegir una nueva vida en Jesús. Haznos crecer en la felicidad de ser hijos de Dios, hermanos y hermanas de Jesucristo. ¡Bendito sea eternamente por tantas maravillas! Espíritu de Jesús, me entrego todo a Ti, poséeme y guíame en el seguimiento de Jesús".

Oración escrita a partir de un texto de San Juan Eudes

 Obras Completas, volumen 2, página 173