BENDITA SEA ELLA...

 

Virtudes atribuidas a Aguchita
Emanuele Spedicato y Waldery Hilgeman
13 junio de 2020

 

EBendita sea ella, Aguchita, que modeló para nosotros las lecturas de las escrituras para el hoy. A los ojos de los que la conocieron, no hay duda de que la Hermana Aguchita vivió los tres consejos evangélicos con un firme compromiso. Aguchita también profesó un cuarto voto, el del celo por la misión de la Congregación. Con ello, Aguchita se comprometió "a vivir y trabajar por la salvación de las personas, especialmente de aquellas a las que [fue] enviada". 

 

W: Trabajó incansablemente para ofrecer una formación adecuada al pueblo de La Florida, especialmente a los jóvenes, promoviendo su desarrollo humano integral de acuerdo con el carisma específico de la congregación. Además del catecismo, les enseñó, a su manera, habilidades prácticas que les permitieran liberarse de la extrema pobreza en la que vivían, dando lecciones de costura o enseñándoles a cocinar. Como amante de la Creación, cuidó el huerto con devoción y enseñó a otros a hacer lo mismo. En cumplimiento de su voto de celo, demostró no sólo cualidades espirituales, sino que también compartió sus bienes materiales ofreciendo apoyo y acompañamiento diario.

 

E: A través del voto de castidad, un don de gracia dado por Dios, Aguchita se ofreció a Jesús con un corazón indiviso, amándolo y convirtiéndose, a su vez, en testigo de su amor. Ya había aprendido la "limpieza de alma y espíritu" en su familia, y alimentó este voto con la oración y la devoción mariana.  Aguchita expresó esta virtud a través de su amor maternal, demostrando que estaba libre de todo apego humano. Alguien la describió como "una mujer que tenía una creencia singular, en su vinculación, en darlo todo celosamente por la gloria de Dios, de una manera transparente". Aguchita demostró tener esa simplicidad e ingenuidad característica de un niño.

 

W: Se puede sentir la fidelidad de Aguchita a los consejos evangélicos, dada la ausencia de cualquier acción vana o de cualquier malicia en sus interacciones con los demás. La Hermana Aguchita, por lo tanto, no sólo era una hermana que podía ofrecerse espiritual y materialmente, sino que sabía entender "que todo se hace por amor". Era una mujer de madurez afectiva que no tenía dificultad en relacionarse con hombres y mujeres con gran facilidad y dulzura, especialmente con los sacerdotes, a los que tenía una particular devoción.

 

E: Incluso la virtud de la obediencia, todos los que la conocieron recuerdan a Aguchita como una hermana totalmente inmersa en su apostolado, que respetaba y amaba las Constituciones y la misión asignada por sus superioras. Su lejana disposición al martirio puede ilustrarse examinando cómo no abandonó su misión, sino que permaneció allí hasta su muerte, a pesar de ser consciente de los peligros que ello implicaba. De hecho, está claro que Aguchita "fue asesinada por servir a su pueblo, por obediencia a su misión".

 

W: No se permitió ningún pequeño placer que pudiera distraerla de su trabajo apostólico. Por ejemplo, en respuesta a una invitación del Responsable de la Provincia, escribió: "Agradezco su invitación para que vaya a Lima, me encantaría, pero interrumpiría el trabajo y además no estoy tan mal. Nos hemos mantenido cerca de Jesús para que se ocupe de este asunto, mientras yo hago lo que tengo que hacer".

 

E: Su amor por la virtud de la obediencia fue, por lo tanto, el fruto de su amor por la Iglesia: "era una mujer que respetaba profundamente a la Iglesia;" alguien dijo "amaba a los sacerdotes, estaba siempre en comunión con los miembros de la congregación; lo sé, el respeto que siempre mostró a sus superioras." Ninguno de sus superioras hizo comentarios negativos sobre ella, a quien, por el contrario, Aguchita mostraba un profundo respeto.

 

W: La hermana María Celina, que había sido su líder local durante los últimos años de la vida de Aguchita, es clara y substancial en este sentido. La describió como "una mujer que obedecía las reglas al pie de la letra": [Aguchita] Nunca contradijo a sus superiores. Ella aceptaba todo y estaba siempre disponible para todos. Ella solía decir: "Estoy en manos de Dios para lo que Él quiera. Era una mujer que se entregó a Dios, para servir y trabajar, para hacer todo lo que podía.

 

E: La fidelidad al voto de pobreza también está ampliamente atestiguada. Aguchita, que no provenía de una familia rica, nunca buscó el camino fácil para sí misma y, como hermana religiosa, siempre llevó a cabo con celo las humildes tareas que le fueron asignadas. Cuando comenzó su misión en La Florida, se hizo pobre entre los pobres, compartiendo sus dificultades, permaneciendo humilde y tratando de aliviar las penurias de su pueblo. Muchos testigos recordaron su ingenio y creatividad. Precisamente porque era consciente de la pobreza de la zona, trató de aprovechar al máximo lo que tenía para luego compartirlo con la gente. La pobreza no era un problema, sino un medio para acercarse a su vecino.

 

W: La pobreza nunca deja de lado la esperanza: incluso en aquella situación, a pesar de ser consciente de las diferentes necesidades, Aguchita se convirtió en un testigo ejemplar de la confianza en la Divina Providencia. Nunca dejó nada para sí misma, encarnando plenamente la pobreza que la rodeaba. Una hermana recordó una situación en la que había sido testigo de que la gente había empezado a desesperarse ante la falta de alimentos.

 

E: La Hermana Aguchita, confiada en que Dios escucharía sus oraciones, les dijo que no se desanimaran, y así fue como un camión cargado de mazorcas llegó a la comunidad. Inmediatamente, estas fueron compartidas entre la gente, y Aguchita "bendijo la comida, y había suficiente para todos". Aguchita "sabía que, al dar, recibimos más. Se abandonó a la providencia de Dios. Decía: "Lo que tengo hoy lo regalaré, y mañana tendremos más", confiaba en que siempre llegarían más. Sabía muy bien cómo ver a Cristo sufriente en los pobres".  Reafirmando este abandono en Dios, la hermana Celina recordaba vivamente que Aguchita "rezaba a menudo a la Providencia de Dios y decía que no nos faltaría nada porque Dios es providente".

 

W: Sin embargo, es interesante observar cómo para Aguchita las virtudes de la humildad, la pobreza, la obediencia y la vivencia del voto de celo están también profundamente ligadas a otras virtudes, como la prudencia, la fe, la caridad y la castidad.  En una frase concisa pero directa y exhaustiva, se testimonió que:

Sor Agustina fue obviamente un claro ejemplo de gran misionera; este fue el fruto de ser fiel a la virtud de la obediencia a la que había hecho una promesa el día de su profesión.

 

E: Del mismo modo, alguien destacó cómo su obediencia estaba íntimamente ligada a su humildad, su amor al prójimo, su pobreza y su falta de orgullo, afirmando que "era una persona corriente, vivía como cualquier otro aldeano; a pesar de su edad, nunca se quejaba de nada [...] Cualquiera podía hablarle con facilidad porque era sencilla y modesta, no era arrogante en absoluto y nunca imponía su propia voluntad".

 

W: Los relatos de una hermana también son dignos de mención ya que unen la humildad y la ausencia de vanagloria con la virtud de la castidad como ejemplo de amor:

      Ella expresó sus votos amando a su prójimo; la castidad se reflejó en el ejemplo de su vida. Era muy humilde y sencilla. [...] la gente le decía: "Madre, puedes hacer milagros", a lo que ella respondía: "Yo no, Dios sí".

 

Como era de esperar, hay muchos ejemplos a este respecto, y todos son dignos de mención. Pequeñas piezas que reconstruyen la vida de una humilde hermana que se dedicó enteramente a la misión, y que vivió y puso en práctica plenamente los consejos evangélicos. Sin embargo, sólo se han destacado algunos de los considerados más significativos, pero que, es de esperar, han hecho justicia a una vida verdaderamente virtuosa en la que el martirio fue sólo el último y más excepcional testimonio.  Bendita sea ella...