UN PUNTO DE LUZ EN MEDIO DEL CAOS

 

Estamos perplejos por el caos que se ha instalado de nuevo en el planeta. Un gran temor se ha apoderado de la humanidad, un velo de luto cubre el mundo, el miedo, el llanto, el dolor nos ha puesto en una condición de impotencia y extraña igualdad.

 

Nuestra vida consagrada y de todos los cristianos, no puede rendirse o callarse, debe anunciar la Esperanza, ¡ser un punto de luz en medio del caos! Nuestro argumento es la Fe en la Palabra y en la historia de nuestra Redención, ¡mirar con confianza al Crucificado y creer en la Resurrección!

 

Recordamos el cruce del pueblo de Dios en el desierto narrado en Números 21,4-9. La imagen presentada revela una gran desarmonía, quejas, egoísmo y anhelo por el opresor en el sistema del Faraón, acusando a Dios y al líder Moisés de su desgracia. Aparecen serpientes llameantes, matando, destruyendo, causando más caos. Es la imagen de la debilidad y del pecado de la humanidad, de su responsabilidad frente al mal. Las serpientes mordieron a un gran número de personas y muchas perecieron.

Dentro de este caos, una luz emerge: el arrepentimiento, la conciencia de su pecado, hizo que una serpiente de bronce, colgada de un tallo, se convirtiera en una cura para aquellos que la contemplaban. Las serpientes no fueron eliminadas, pero mirar la serpiente de bronce era una certeza de curación para los afectados.

Aquí una prefiguración de Jesús: Él asume nuestra humanidad (serpiente) “colgado” en la cruz, y nosotros, al contemplarlo, somos sanados de nuestros pecados, porque reconocemos nuestros pecados ¡y deseamos la conversión! Él mismo dijo a Nicodemo: "Te aseguro que el que no nace de nuevo, no puede ver el Reino de Dios" (Jn 3,3) y continuó en su diálogo que ni Nicodemo entendió ni la humanidad ha entendido todavía. Él dijo: "Como Moisés levantó la serpiente, así también tiene que ser levantado el Hijo del Hombre, para que todo el que crea en Él tenga vida eterna; porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito para que no muera, y todo el que crea en Él tenga vida eterna" (Jn 3,14-16).

 

Seguiremos en la esperanza con esta Luz, con la que nos ilumina Jesús Resucitado y aquellas/os que nos precedieron en la historia de la Congregación, con el testimonio profético de la entrega de la vida por los crucificados por la peste, por la prostitución y por los horrores de la guerra. San Juan Eudes y Santa María Eufrasia nos invitan a encender esta Esperanza, a retirar el luto que cubre a la humanidad, por la contemplación del Crucificado, por el perdón y por la reconciliación, ¡que son los mayores antídotos contra los males que matan a la humanidad y la naturaleza!

En medio de este caos la luz de Cristo brilla. Encendamos esa luz con el testimonio del Amor y la Misericordia. La luz que expulsa el caos es la cercanía a la gente, la experiencia de una Iglesia doméstica, más que las instituciones y los ritos, en la sencillez del Evangelio, en el cuidado de la creación, en la sencillez de nuestras vidas, ¡ser más para los demás!

 

Que la contemplación del Crucificado nos lleve al encuentro de los crucificados, porque "por sus heridas hemos sido sanados" (Is 53,5).

 

 

Para la reflexión (personal y comunitaria)

 

  1. ¿Qué dice el texto en sí? (Nm 21,4-9); (Jn 3,3); (Jn 3,14-16)
  2. ¿De qué me está hablando Dios? ¿Cuáles son las luces?
  3. ¿Qué me hace el texto decir a Dios?
  4. A partir de esta palabra, ¿cuál es mi nueva mirada? (¿Cómo quiero mirar a la gente y al mundo?)

 

Irmã Maria Aurea Marques, rbp. Brasil (original en portugués)