Nos marcó un camino a seguir

El asesinato de Aguchita no quedó en el silencio y se publicaron muchos comunicados oficiales tras su muerte y entierro. Hoy, mientras seguimos reflexionando sobre la vida y el legado de Aguchita, compartimos el último de cuatro de estos, a continuación:
 

Comunicado de la Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor
 

La Congregación de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor quiere compartir con la comunidad de peruanos de Buena voluntad su dolor y esperanza ante la violenta muerte de su queridísima hermana María Agustina Rivas López.

 

Desde marzo de 1980, la Comunidad del Buen Pastor inició en el pueblo de La Florida (provincia de Chanchamayo, departamento de Junín) un trabajo apostólico desde un proyecto de promoción, propulsor del desarrollo autónomo de la comunidad. La Florida llegó a ser para nosotras un centro piloto, a partir del cual se irradiaba la acción a las comunidades vecinas: organizaciones femeninas con programas de salud, educación, nutrición, alfabetización y manualidades; así como clubes juveniles y catequesis familiar. A lo largo de esta década, la región de la selva central se ha ido convirtiendo en una zona convulsionada y difícil.

 

Desde hace poco más de un año, un grupo subversivo ha incursionado varias veces en el pueblo de La Florida. En estos últimos días, entre el 27 y 29 de setiembre, ha dado muerte a siete personas, entre ellas a nuestra querida hermana.

 

María Agustina nació en Coracora (Ayacucho), hace setenta años. Entró en nuestra Congregación en 1942. Siempre la vimos acogedora, sencilla, humilde y llena de bondad. Hace tres años quiso vivir su vocación sirviendo a los hermanos en la misión de La Florida (Vicariato de San Ramón), consciente de los riesgos que suponía trabajar en una zona de emergencia, donde la presencia del Pastor misericordioso es imperante y necesaria. A pesar de sus setenta años, se mostraba siempre jovial, serena e incansable, dedicándose al trabajo de evangelización y promoción de la mujer en talleres de tejido, repostería y cocina. Tenía el don de convocar a grandes y niños. Todos en La Florida buscaban a la “Hna. Aguchita” como solían llamarla. A su lado las niñas aprendían a rezar, a tejer, a hacer pan, a cuidar las plantas y a los animalitos. Cuando miembros del grupo subversivo la llamaron a la plaza de su ejecución, se encontraba enseñando a las niñas a preparar tofis.

 

El día 27 de Setiembre, como su Buen Pastor al que amaba y seguía muy de cerca, ofrendó su vida sin apartarse del rebaño, sufriendo la misma suerte de Jesús, la muerte de los abandonados de la tierra.

 

Nuestra hermana nos marcó un camino a seguir y nos habló de lo que puede significar la fidelidad a un carisma de amor, de acogida y reconciliación.

 

Desde la vida de fe sabemos que María Agustina no ha muerto, sino que hoy es una vida que ha brotado vigorosa como el grano de trigo que es sepultado en la tierra y da mil frutos. “¿Muerte, dónde está ahora tu triunfo?”, “¿Dónde está, muerte, tu aguijón?” (1 Co. 15,55). María Agustina vive en Jesús resucitado y vive entre nosotros para siempre.

 

Hoy, mientras la Congregación celebra la apertura de la Asamblea Internacional de las Hermanas Contemplativas (CACS), recordamos las palabras del comunicado de hace más de tres décadas: "Nuestra hermana nos marcó un camino a seguir y nos habló de lo que puede significar la fidelidad a un carisma de amor, de acogida y reconciliación". Habiendo vivido con la comunidad contemplativa de Salamanca durante cinco años, Aguchita habría desarrollado una profunda y clara comprensión de las dimensiones contemplativas y apostólicas complementarias del carisma de la Congregación. De hecho, el camino que ella nos marcó se refleja en el amor, la acogida y la reconciliación experimentados a través del Camino de Enriquecimiento que culminó con la reunificación por medio de la fusión de nuestras dos congregaciones hermanas y a través de las nuevas Constituciones de la Congregación, en las que se han integrado las formas de vida apostólica y contemplativa. Desde nuestra vida de fe compartida, sabemos que Aguchita no ha muerto, sino que la suya es una vida y un legado que sigue brotando con vigor. Durante esta Asamblea, rezamos para que el camino que ella nos marcó a seguir siga siendo un ejemplo de lo que significa ser fieles para vivir nuestro carisma compartido.