Reflexiones sobre las virtudes de Aguchita

Cada lunes, durante mayo y junio, se publicó una reflexión en la página de Facebook de la Congregación sobre el tema de cómo las virtudes de Aguchita se entrelazaban con la visión y los valores centrales de la Congregación. Aquí reproducimos las siete reflexiones para ofrecerles otra oportunidad de abrazar y comprender a nuestra querida hermana, Aguchita.

 

 

La misión de la misericordia de Aguchita

 

En el siguiente extracto, adaptado de su introducción al libro Aguchita: Misericordia y Justicia, Hna. Eliana Güisa describe cómo Aguchita encarnó el valor de la misericordia.

 

Su misericordia no fue grandilocuente. Fue una suave brisa que reclamaba por el rostro del vulnerable, abandonado y golpeado por el abuso y la violencia estructural. La sencillez de Aguchita y su misericordia se hizo evidente allí, lejos del público y los honores, cuando se convirtió en un símbolo de amabilidad, asistencia, servicio y compasión. Aguchita fue una mujer que se nos dio como un don para la vida consagrada, la Iglesia y el mundo.
 

Su vida nos habla de amor, misericordia, bondad y sabiduría de Dios. Aguchita había encarnado el Evangelio entendiendo lo que dice Jesús: “No teman a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma” (Mt. 10,28). Por ello, su martirio ha sido una consecuencia de su forma de vivir la misericordia y la justicia, fue una testigo fiel, pues “pasó entre nosotros haciendo el bien” (Hech. 10, 38) como lo hizo Jesús, “para que todos tengan vida y vida en abundancia” (Lc. 10, 10). Tenemos la firme convicción de que Aguchita vivió plenamente su llamado y se entregó a su Dios y Pastor sin condiciones, mereciendo por eso la corona del martirio llevando a cabo su misión “amando hasta el extremo” (Jn. 13,1).

 

¿Tu vida habla de la misericordia de Dios? En tu misión entre el pueblo de Dios, ¿cómo revelas tu misericordia? ¿Qué te tocó en este párrafo?

 

[Publicado el 17 mayo]

 

 

Sirviendo con dignidad

 

En el siguiente extracto, extraído del libro Aguchita: Misericordia y Justicia, uno de los obispos que conoció a Aguchita recuerda cómo fue movido por la dignidad de Aguchita, de la siguiente manera:

 

Tuve la suerte de conocerla y en ese lapso de tiempo aprecié todo lo que valía esta mujer, como mujer, como religiosa; recibí y recibimos sus cuidados, incluso lo hizo al señor arzobispo de Arequipa, entonces Monseñor Rodríguez Ballón. El rasgo que la caracterizaba era su servicialidad incondicional y su amor al sacerdote, nos daba más de lo que nosotros podíamos pedir. Se comportaba dignamente, nos conmovía, nos conquistó el corazón y la llamamos con todo cariño Nuestra Madre. Nuestra hermana nos apoyaba en todos los detalles de la vida del sacerdote, era muy fina, tenía el arte de intuir. Antes que nosotros hagamos el pedido, ya intuía lo que nosotros deseábamos. Me llamó la atención la delicadeza de quedarse hasta tarde, esperándonos que volviésemos del trabajo en la misión de Lima. Nos esperaba con la comida caliente.

 

Aguchita se ganó los corazones de aquellos a quienes sirvió a través de la forma digna en que llevó a cabo su servicio. En tu ministerio, ¿eres respetado y apreciado por aquellos a quienes sirves? ¿Eres de ayuda incondicional y das más de lo que te piden?

 

[Publicado el 24 mayo]

 

 

Entrar en reconciliación

 

El siguiente extracto, adaptado del libro Aguchita: Misericordia y Justicia, demuestra cómo Aguchita enseñó a la gente a perdonar con un corazón generoso y siempre buscó la manera de resolver los conflictos y llegar a una solución viable.

 

Cierto día, una mujer cuya pareja le era infiel, al no saber qué actitud tomar, fue a Salamanca a buscarla. Al ver su rostro de preocupación, Aguchita le dijo: “Vamos a la capilla a rezar y después conversamos”. En ese lugar la vio más tranquila y, atenta. Finalmente, le dijo: “Tú tienes que ser paciente; tú eres una mujer valiente; aférrate a Dios, a la Virgen, entrégale tus sufrimientos, no guardes rencor en tu corazón con nadie y perdona”.
 

Después de eso le preguntó cómo se comportaba con su pareja. Se dio cuenta de que también ella había faltado en la relación. Tras una larga plática, le aconsejó que leyera el Salmo 22, y dejara que el Señor le hable, que rezara mucho y supiera perdonarle. La instó a que no dejara a su pareja y se comprometió a hacer lo posible para conversar con él. Fiel a su promesa, una de esas tardes visitó a la familia y, llamando a un lado a la pareja de la mujer, le habló. Parece que fue una conversación eficiente. El hombre comenzó a cambiar, de tal modo que la convivencia luego los llevó al matrimonio.

 

Colóquese plenamente en esta historia en el lugar de la mujer, su pareja o como un espectador presente en la capilla o en la casa. Trate de imaginar lo que podría ver, oler, sentir y oír, y lo que podrían estar haciendo las otras personas en la escena. ¿Cómo podrían ser diferentes las cosas si los personajes no estuvieran abiertos y dispuestos a escuchar, orar, comprender, perdonar y reconciliarse? ¿Qué puedes aprender sobre Aguchita y su papel de reconciliadora a través de tu conexión con cada uno de estos personajes?

 

[Publicado el 31 de mayo]

 

 

Una Celebración de la Vida

 

El 13 de junio, habrán pasado 101 años desde que nació Aguchita. El año pasado, para celebrar el 100º aniversario de su nacimiento, una ceremonia de plantación de un árbol se llevó a cabo en el Generalato. A continuación, compartimos algunas de las reflexiones de Hna. Ellen Kelly y Hna. Susana Franco de ese día.

 

¡Aguchita nació en Perú y con su vida y su martirio nos dio uno de los más altos ejemplos de cómo seguir a Dios de una manera muy especial! Queremos agradecerle este regalo especial, ya que la gratitud es lo que todos sentimos hoy en día. La gratitud se basa en la humildad, que es la virtud por la que nos conocemos y reconocemos como realmente somos. Consiste en aceptar la verdad sobre nosotros mismos, como hijos e hijas de Dios.

 

En todas sus cartas, Aguchita reveló su amor por la virtud de la humildad, firmando a menudo con el nombre de "tu hermanita". En una de ellas, dirigida a una amiga suya, le confiaba que la virtud que más amaba era precisamente la de la humildad y por eso le decía: "Quiero que seas siempre pequeña". Aguchita es para nosotros un ejemplo de humildad con un gran amor y respeto por la Creación, que ella siempre ha reconocido como la revelación de Dios! Ella nos dio un verdadero modelo de cómo encontrarnos, a través de la humildad, como criaturas de Dios, ¡todas conectadas por su amor!

 

Este domingo, el 13 de junio, planee pasar un tiempo solo o en comunidad para aprender sobre Aguchita y contemplar su vida, ministerio y legado. Aguchita amaba más la virtud de la humildad. ¿Qué importancia tiene para ti? ¿Qué puedes aprender de su ejemplo para aceptar la verdad sobre ti mismo a través de la humildad y seguir a Dios de una manera muy especial?

 

[Publicado el 7 junio]

 

 

La justicia conduce al empoderamiento

 

En el siguiente extracto, adaptado de su introducción al libro Aguchita: Misericordia y Justica, Hna. Eliana Güisa describe cómo Aguchita defendió los valores entrelazados de justicia y empoderamiento.

 

La Congregación opta por el tema de la justicia desde el año 1973. Aguchita se acogió a esta y se arriesgó porque había interiorizado los llamados institucionales en su fidelidad a la espiritualidad del Buen Pastor. Hizo del empoderamiento a la mujer y a la niña algo real, no solo un consuelo, ayudando de forma activa, incorporando en el proceso una visión de futuro a partir de sus gestos concretos y cotidianos. El claro sentido de justicia y paz, en la experiencia de La Florida, por ejemplo, se dio cuando invitó no solo a los cristianos, sino a todo aquel que lo necesitaba a participar en las actividades. La visión de Aguchita fue tan amplia que se proyectó más allá de la religión, siempre estuvo abierta a todos.
 

En esa misma línea, las obras apostólicas nacidas tras su muerte y que toman su nombre, lo hacen no solo para recordarnos su importancia, sino también para empoderarnos. Estos apostolados, no solo hablan de ella, sino que nos animan a ver más allá, nos recuerdan que el trabajo se hacía desde hace mucho, y que está en nuestras manos que siga renovándose y mejorando.

 

 

¿Qué significa para la Congregación tomar el nombre de Aguchita hoy en el contexto de la situación de la mujer? ¿Cómo desafía su ejemplo a la Congregación, tu ministerio, tu vida diaria personal? ¿De qué manera se forma de transmitir muchos de los valores y las morales de la Congregación a través de su trabajo te alienta a promover la justicia y buscar empoderar a las mujeres y las niñas de una manera totalmente inclusiva?

 

[Publicado el 14 junio]

 

 

Ser santa significa ser humana, no perfecta

 

Hace cuarenta años esta semana, Aguchita escribió la siguiente reflexión personal en su cuaderno de una serie de conferencias sobre formación permanente a las que asistió durante su tercera probación. Ahora conocido como Cuaderno de Meditaciones, el 22 de junio de 1961, describió un cierto conflicto que la llevó a reflexionar sobre sus defectos y sobre su necesidad de confiar en Dios para que la ayudara en momentos de crisis:

 

Estalló, no sé dónde dañó y hasta dónde llegará… Tú lo sabes y ves la intención mía, soy capaz de tantas calamidades, sostenme, Padre mío, de la mano, de todo estoy tan decepcionada, de mi trabajo, los fracasos, la falta de organización, etc., etc., solo tú puedes arreglar.

 

Dos años después en el 24 de junio de 1963, hacia el final de este cuaderno, mostró compasión cuando escribió:

 

Señor sálvalas a estas almas que me mandas, están enfermas, sánalas pronto, arréglalas como Buen Padre, sus asuntos espirituales.

 

Aguchita está en camino a la santidad, pero no es menos humana. Como Jesús, como todos los santos, e como tú, ella experimentó todo el espectro de las emociones. No hay pecado en la experiencia de una emoción, sino en tu respuesta a esa emoción. Con humildad, Aguchita reflexionó sobre sus debilidades y se abandonó a Dios para arreglar las cosas. ¿Cómo procesas tus emociones? ¿Se las confía a Dios que puede transformar tu corazón?

 

[Publicado el 21 junio]

 

 

La paciencia es una virtud

 

En el siguiente extracto, extraído del libro Aguchita: Misericordia y Justica, una de las ex-alumnas de Aguchita, María del Pilar, recuerda cómo la paciencia era otro de los rasgos de Aguchita.

 

Con su paciencia me enseñó labores. Me sentaba a su lado para que aprendiera y avanzara mi trabajo, entonces tenía ocho años. Me hablaba con cariño y me decía que las mujeres teníamos que saber bordar, aprender a hacer las cosas de la casa para que nos podamos defender en la vida.

 

Otro extracto adaptado del libro destaca la paciencia de Aguchita a través de cómo, en particular, centró sus esfuerzos y atención en las niñas que eran lentas para aprender.

 

Una de ellas, que se había resistido a coser y que incluso había pedido a una compañera que lo haga por ella, aprendió la lección. Tras entregar el trabajo hecho por su compañera, la hermana Aguchita le dijo lo bien que le había salido la costura y añadió: “Ahora vas a trabajar dos faldas”. Entonces, la muchacha miró a su colaboradora que estaba junto a ella, como diciéndole “ya se dio cuenta”. A pesar de la falta, Aguchita tuvo la paciencia de sentarse con la joven y enseñarle a coser hasta que logró aprender.

 

La paciencia de Aguchita surgió de su preocupación por empoderar a las niñas para la vida, no simplemente por enseñarles nuevas habilidades. Esta actitud holística exige un enfoque afectuoso y paciente. Como el Señor en el Salmo 103:8, ella parece ‘lento para enojarse y lleno de amor inagotable’. Incluso tenemos un vistazo de su humor en cómo trata con la chica tímida en el trabajo. En su trabajo, cuando los demás son reacios o lentos para aprender, ¿cómo reaccionas? ¿Qué puedes aprender del ejemplo de Aguchita?

 

[Publicado el 28 junio]