Una entrega total de sí mismo

Hoy se conmemora el 31º aniversario del martirio de la Hermana Aguchita, que fue asesinada en odio a la fe por la banda terrorista Sendero Luminoso en La Florida, Perú, el 27 de septiembre de 1990. En esta reflexión, seguimos acompañando a Aguchita en aquel fatídico día mientras suplicaba en vano por la seguridad de su rebaño. Rubén, uno de los habitantes del pueblo, describió lo que vio:
 

A las víctimas las hicieron formar en una fila uno detrás  de otro y recuerdo que le pusieron el fall fusil al pecho del que estaba primero. La bala alcanzó a tres personas, la bala mató a las tres.
 

Los testimonios relatan cómo la gente comenzó a dispersarse en cuanto pudo y, entonces, una mujer de unos treinta años disparó una ráfaga en el cuerpo de Aguchita mientras ella retrocedía y se topaba con una banca en el muro de una casa de la esquina. La ráfaga penetró su cráneo y las balas se alojaron al interior de su cuerpo. Aguchita fue alcanzada por una ráfaga de cinco disparos y quedó “como queriendo arrodillarse y con las manos juntas”.
 

Blanca, otra testigo, recordó:
 

Pues la última fue la hermana Agustina, como una paloma, cae junto a la banca y ahí queda.

 

La noticia de su muerte fue un mazazo para el resto de religiosas.  Eran conscientes del riesgo que corrían, pero les sorprendió que mataran a la hermana más conciliadora de todas. La actual Animadora Provincial de Perú, la Hermana Marlene Acosta, recuerda que la muerte de Aguchita les obligó a preguntarse realmente si estaban dispuestas a seguir sus pasos. Dice que fue un período de grandes dudas pero donde el ejemplo de Aguchita fue claro como la luz de un faro que ilumina el camino en momentos de oscuridad. Hoy, mientras la Congregación continúa celebrando su 31º Capítulo General, dejemos que cada uno de nosotros, implicados en la misión, reflexione sobre cómo podemos seguir realmente los pasos de Aguchita. Llevémosla a nuestra oración y pidamos su intercesión para que nos ilumine el camino hacia las periferias, donde nosotros también podemos continuar el trabajo de la misión y ofrecer la entrega total de nosotros mismos en cualquier forma que se nos pida.