Una pastora que intercede

Este lunes, el 27 de septiembre, se conmemora el 31 aniversario del martirio de Hermana Aguchita, que fue asesinada por la banda terrorista Sendero Luminoso en La Florida, Perú. En esta reflexión, seguimos caminando con Aguchita en aquel fatídico día en que los compañeros, al no encontrarse la superiora, buscaron a Aguchita en su lugar. Rubén, un vecino del pueblo que estaba presente, recordó su versión de los hechos:
 

De repente, les subversifs tenían los nombres de las personas que iban a asesinar, pues primero llamaron a todo el pueblo haciéndonos formar en filas en todo el parque. Nos hicieron formar una fila para el lado de la avenida, por un lado, mujeres, hombres, niños, niñas; y, aparte de eso, comenzaron a leer el nombre de las personas que iban a ser aniquiladas.
 

Un extracto del libro Aguchita: Misericordia y Justicia continúa describiendo lo sucedido:
 

Luego del consabido discurso y las vivas al “camarada Gonzalo”, uno de ellos empezó allamar por sus nombres a algunas personas de la lista que tenía en mano: Juan Pérez Escalante, Luis Pérez Marín, Pedro Pizarro, Efigenia Marin de Pérez, doña Jesús Marín de Pérez, y la Hna. María Agustina Rivas; acusada de trabajar con los asháninkas, hablar de paz y no hacer nada, distraer a los niños con caramelos, distribuir alimentos y organizar a las mujeres. Cuando Aguchita intercedió por los demás diciendo: “Son personas que no han hecho daño a nadie”, respondieron: “Que a ti ahora te salve tu Dios.  A tu Dios le vamos a cortar el cuello”.
 

Aguchita debía ser consciente de lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, no suplicó a su Dios que la salvara a ella y a los demás. En lugar de ello, se abandonó a la voluntad de Dios mientras se negaba a abandonar a su rebaño. Justo el año anterior, se le citó diciendo: "hasta quemar el último cartucho, no los vamos a abandonar". Fiel a su palabra, se mantuvo firme como Sierva de Dios. No como una participante pasiva de los acontecimientos, sino como una pastora que alzó la voz en defensa de su rebaño. En los momentos previos a su martirio, se mostró dispuesta a interceder por ellos -y por todos nosotros- al suplicar por su seguridad.
 

 

Señor Jesús, Buen Pastor,
Tú que nos has enseñado a ser misericordiosos como el Padre,
y concediste a la Sierva de Dios, María Agustina Rivas López
Aguchita,
la gracia del pastoreo ejemplar al servicio de la Iglesia,
en la caridad con los más necesitados y en el cuidado de la Creación,
expresado en la entrega de la vida.
Te pido humildemente,
para tu mayor gloria,
me concedas, por intercesión de Aguchita,
la gracia de

(expresar su intención).

Amén