Confinamiento: ¿Qué he hecho con este tiempo?

Artículo por Hermana Madeleine Villepontoux
Provincia de Europa-BFMN

 

Al ritmo de las celebraciones litúrgicas, Hermana Madeleine Villepontoux, de 88 años, miembro de la comunidad de Saint-Martin-d’Hères, en Francia, comparte su experiencia de confinamiento después de haber recibido un diagnóstico positivo al COVID-19 en el pasado mes de octubre.

El otoño ha entrado y desplegado sus hermosos colores que el tenue sol intenta iluminar...

Octubre 20, 2020: La Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús se expande gozosamente en oración. Sin embargo, al día siguiente: “confinamiento completo”. Se han confirmado casos positivos de COVID-19 en la casa, incluyéndome a mí (sin embargo, asintomática). Descanso forzado acompañado de (como una cinta envuelta para regalo) dolor de espalda severo e inexplicable. Encuentro difícil moverme, pero pasa desapercibido dentro de los pocos metros de mi cuarto. Una semana más tarde y un escáner de columna muestra una fractura espontánea de la espina. Difícil de aceptar ya que es dolorosa y tomará probablemente mucho tiempo para sanar.
 

Octubre 26, 2020: Me encuentro hospitalizada y confinada en mi cuarto ya que he obtenido positivo en el COVID-19. Los días se siguen sin recibir visitas, sin televisión, ni radio, y solo un compañero, la cosa que siento más intensa: el dolor. Bueno, sigo teniendo el teléfono, lo que significa que he podido recibir la terrible noticia del accidente de automóvil en Caen. Entre las víctimas están tres hermanas de la comunidad de Cormelles-le-Royal y una amiga mía. Hermana Agnès Schuler y su amiga no sobrevivieron a este trágico accidente. No se trata más de mi misma que me tengo que preocupar sino del sufrimiento de la Congregación y aquellas que fueron afectadas. Frente a esta tragedia y sufrimiento, ¿qué significa una fractura de vértebra?
 

Noviembre 1, 2020: El Día de Todos los Santos me encuentro sola en mi cuarto de hospital. Intento orar cuando no estoy tan adormilada por la morfina. “Señor, te ofrezco esto que me permites vivir, por la Congregación, por los Capítulos que están próximos, y por cada persona que sufre, especialmente las mujeres”. Durante este confinamiento intento confinarme con Cristo, acercar a Él a las personas para que Él las ilumine. Luego llega la decisión de reparar mi fractura: ¿Operación? No, demasiado riesgoso. La opción es utilizar un soporte para la espalda por tres meses. ¡Conozco de antemano la respuesta! Al menos la opción es clara, aunque difícil de aceptar. Lo rechazo en mi cabeza, pero luego, reflexiono y me digo que soy afortunada de tener un tratamiento; más afortunada que muchas personas que no lo tienen. Así que, me lo puse, el paso está hecho. Cuando miro hacia atrás, me pregunto si ¿pedí porque mi salud se mejore, o más bien la de los otros?
 

Diciembre 1, 2020: Dado de alta del hospital al final del día para enviarme a una communidad de atención residencial. Está obscuro, hace frío, llueve y un viento invernal sopla en el aire. Tengo el sentimiento de entrar en la obscuridad, en un túnel muy obscuro y, una vez más, confinamiento. Admito que aún en el sufrimiento tengo tiempo, mucho tiempo, para intentar reflexionar y orar. ¿Qué he hecho con este tiempo? Aumentar mi oración por las hermanas en la comunidad y por los residentes y olvidarme de mí misma. Poco a poco me voy ubicando en mi comunidad, a la que encuentro principalmente en las horas de comida. A veces es un reto, pero no estoy separada, debo hacer frente.
 

Adviento y Navidad: La temporada pasa lentamente dado lo que puedo hacer, envuelta cómodamente con corsé, lo que dificulta considerablemente mis movimientos. Pero la fiesta finalmente llega, y con ella la alegría, el compartir, y la esperanza delante del misterio del Amor de Dios, que envía a la humanidad a su Hijo para salvarnos. Intento ser útil durante los preparativos. Es una Navidad inusual. 
 

Final de Enero: ¡Uff, no más corsé! Esto no resuelve todo ya que el dolor continúa. Debo aprender a vivir con él, sabiendo que debo tener cuidado. Una vez que la nieve ha desaparecido la primavera comienza a mostrarnos su rostro. Los prados del parque están adornados con un arco iris de flores: campanillas, azafranes en varios colores y margaritas. La naturaleza revive y nos llama a vivir de nuevo con ella.
 

Febrero 30, 2021: La Cuaresma comenzó, pero aún no ha terminado. Yo camino con él porque espero recibir la ayuda sólo de él que necesito para conformarme a Su voluntad y avanzar hacia la Pascua. Este gran misterio de Cristo que murió y resucitó entre nosotros, por mí.
 


 

A través de estas experiencias, que parecen más bien como un camino montañoso con cimas y valles, y algunas veces curvas peligrosas, siento que Dios ha estado siempre presente en mi vida y que puedo confiarme a él cuando las cosas se vuelven más difíciles. Él me acompañó y sigue acompañándome porque a sus ojos soy preciosa, pero nada es fácil o está preparado de antemano. Cada día debemos volver al camino. La sola cosa que me pide, pareciera, es que yo sea disponible y confíe en él. Aquí, en esta misión que es la mía, es él quien transforma los corazones.