¡Donde hay amor, hay afecto!

Artículo por Daniela Maia, Partner en la Misión,
Provincia de Portugal.

 

Un pasillo de azulejos color azul y blanco, un acuario y una pintura fue lo que vi cuando entré por primera vez en la Casa dos Afetos – la ‘Casa de los Afectos’ que se revelaría como mi vocación. Yo era muy joven, entonces y tenía muchos sueños. Cuando llegué, era tímida pero decidida, ¡con la sonrisa de alguien que quería cambiar el mundo! ¡Estos pequeños mundos!

 

En aquel tiempo, hace 18 años, fui elegida para ser parte de una misión: una misión llena de expectativas y desafíos. Ofreciendo amor, sonrisas, cariño y afecto. Sería mi tarea dar esperanza y creer en la capacidad intrínseca de cada joven. Mi primer desafío fue aprender a ofrecer afecto de forma proporcionada y equilibrada. Desde el primer momento abracé en lo más profundo de mi alma el proyecto de la Congregación y las madres jóvenes vulnerables que tenían poco apoyo familiar propio, creyendo, como decía Santa María Eufrasia, que "nada es imposible al amor".
 

Aquí, mi deseo de crecer y evolucionar se renovó, compartiendo y enseñando lo que consolaría las mentes inquietas y los corazones doloridos desde mi experiencia y perspectiva. Durante este tiempo, tuve que enfrentar muchos días complejos, complicados y agotadores. Sin embargo, cada momento reconfortante, dulce, gentil y alegre me ayudó a superarlos y a mantenerme enfocada en la meta. Pienso en la Lar Luísa Canavarro Comunidad de Inserción como una "escuela de madres": así es como la llamo y como la veo y siento. Es un lugar donde se transforman los días y las vidas de estas jóvenes madres que buscan voluntariamente ayuda para convertirse en madres.

 

Las jóvenes aprenden a cuidar a sus bebés, a abrazarlos y cuidarlos, cuidados que a menudo no recibieron ellas mismas, y aprenden que la maternidad es un vínculo valioso y para toda la vida. Este aprendizaje se complementa con un mayor desarrollo en varios niveles: personal, académico y profesional. Las mujeres reciben alimento diario de amor y cuidados, y viven momentos de afecto constante que les brindan un marco sobre cómo sentirse y comportarse. Tan pronto como logremos nuestras metas como "escuela de madres", nos convertiremos en la "casa de la abuela", dada la relación cercana y solidaria que se ha establecido. Una vez que las jóvenes alcanzan la autonomía que desean, la formación y la educación dan paso al acompañamiento. En esta etapa, les permitimos vivir de manera autónoma de una manera equilibrada y vivificante. Además de todo el apoyo, ofrecemos una red de seguridad en la que pueden confiar para su constante sentido de estabilidad.

 

Después de todos estos años de experiencias e historias de vida, lágrimas compartidas, sonrisas y ceños fruncidos y abrazos emocionales, creo que me he convertido en una persona más enriquecida, consciente, atenta y, como tal, mejor profesional. Comencé a valorar los pequeños detalles que resultan de la interacción cercana con mujeres jóvenes vulnerables y desfavorecidas en muchos niveles ... cada sonrisa es crucial, y cada una de mis palabras intenta tocar sus corazones a menudo inquietos. Llegué a comprender bajo una luz diferente el significado del mensaje de Santa María Eufrasia: "Una persona es más valiosa que el mundo".

 

Después de todo este crecimiento y enriquecimiento personal y profesional, se me ha ofrecido un nuevo desafío, una nueva oportunidad dentro de la misma misión. La Congregación me ha confiado para asumir el nuevo rol de directora técnica. Esto me permitirá, una vez más, desarrollar mi deseo innato de mejorar nuestras intervenciones con mujeres jóvenes y adaptar continuamente cómo respondemos a las necesidades diarias que surgen. Rebosante del espíritu Eufrasiano, Firmeza y Bondad seguirán guiándome en este trabajo privilegiado con las madres jóvenes.

Daniela Maia abrazándose en un círculo de apoyo

 

En el futuro, deseo ser el ancla de mi equipo y colegas para fortalecer las buenas prácticas. Espero que trabajemos juntos como un todo, no simplemente como una suma de partes, para apoyar el crecimiento de estas jóvenes.

 

Para nuestras niñas, niños y bebés deseo que sus caminos estén llenos de afecto, estabilidad, equilibrio y muchas sonrisas, pues somos y seguiremos brindando el apoyo y siendo la familia que ellos no tienen, o que los he abandonado.

 

¡Un abrazo de corazón a toda la comunidad de Nuestra Señora de la Caridad del Buen Pastor!