La situación actual en el Líbano…

Artículo de Hna. Micheline Lattouf,
Provincia de Líbano/Siria.

 

Desde hace muchos años el Líbano pasa por una crisis en todos los niveles. Luego de la explosión del 4 de agosto del 2020, la situación socioeconómica está en un declive catastrófico. Todos esperaban que con la revolución se llegaría a realizar cambios positivos, pero lamentablemente la situación va de mal en peor : la basura acumulada, cortes de electricidad que llegan a 22 horas al día, largas colas de espera frente a las estaciones de servicio, desabastecimiento afectando a « cientos » de productos en el sector salud, los hospitales que cierran sus alas por falta de productos médicos ya no pueden recibir pacientes, y cientos de médicos están abandonado el país para buscar su sustento en otro lugar.

 


Líbano sufre una crisis sin precedentes y ahora tiene largas colas de espera frente a las estaciones de servicio.
 

El sistema educativo no está exento. Al final de un año escolar en línea, los colegios se preguntan sobre la posibilidad de continuar la educación el próximo año, ya que ya no pueden pagar a los profesores, quienes, a su vez, siguen a los médicos en sus países de acogida, que respetan su dignidad y valorizan sus capacidades.
 

Si, el país está atravesando una crisis sin precedentes; los precios del combustible se han disparado, más de 30 % en promedio, un aumento que sumerge aún más a la población en la pobreza, en la injusticia y la humillación sin fin. Según el Banco Mundial, es una de las peores crisis económicas del mundo desde 1850. ¿Es una hambruna lo que nos espera? Todos experimentan este miedo temor y aquellos que son capaces de organizarse, acuden en ayudar a sus conciudadanos.
 


Los que son capaces de organizarse, ayudan a sus conciudadanos.
 

En plena tragedia y en solidaridad con todas las personas de buena voluntad ¿no podríamos encender una vela de esperanza? ¿Cómo podemos ser testigos de tanto sufrimiento sin aportar nuestra propia contribución y ponerla al servicio del pueblo sacrificado como ovejas sin pastor? ¿Cómo no escuchar la voz de Dios tierna y misericordiosa llamándonos a comprometernos con nuestros hermanas y hermanos para disminuir su sufrimiento? Es el camino del Buen Pastor que nos guía y nos muestra el camino a seguir: «He visto la miseria de mi pueblo… conozco sus sufrimientos… ¡adelante! Yo te enviaré…»  (Éxodo 3).

 

Dios se acerca a nosotros y nos acompaña en el camino al que nos envía. Él nos precede y a través de nosotros, se une a su pueblo. Llenas de ilusión nos comprometimos en múltiples proyectos para estar en solidaridad con el pueblo marginalizado: ayuda humanitaria, ayuda sanitaria, rehabilitación de las casas destruidas por la explosión, asistencia médica, sin olvidar todo el apoyo humano y psicológico a través de nuestras visitas con los laicos que nos acompañaron.  

 

Aquí hay un testimonio de una joven que nos acompañó en el proyecto:

 

«Era una persona no creyente, hasta el 4 agosto donde todo cambió para mí. Comencé a salir a las calles de Beirut para ayudar a la limpieza de la ciudad, a acoger las familias siniestradas en las carpas y luego a visitarlas en su entorno en escombros.  Comencé a descubrir la gravedad de la miseria humana en la cual están sumergidas las familias mucho antes de la explosión, Tomé consciencia que la explosión «desnudó» a las personas que estaban dignamente escondidas en su miseria. Durante las visitas me di cuenta de la desesperación en las cuales acogíamos a las familias con los ojos llenos de tristeza y amargura. Sin embargo, luego de nuestra visita y del interés humano que les mostramos, algo se transformaba.  Un rayo de vida comenzaba a germinar. Me di cuenta de que lo más importante es restaurar la confianza de la persona en sí misma y en Dios. Aprendí a dejar caer mis prejuicios y mirar a la persona en su profundidad y no en su exterior. Estaba encontrando al Señor en cada una de las personas visitadas, y es una gran gracia en mi vida. Me siento profundamente conmovida, porque vi cómo cada encuentro era un encuentro con Dios, lo toqué: Y todo esto me da una alegría interior y esperanza».