"Oremos: Que sea el AMOR y no el miedo, que se haga viral…"*

Artículo por Hna. Kathleen Duggan 
Provincia de Nueva York/Toronto

 

Hace diez meses, nuestra oficina de Good Shepherd Services en el Bronx, Nueva York, cerró durante la pandemia. Antes de cerrar sus puertas, dábamos servicio a niños en adopción y adultos jóvenes junto con sus familias. Los días estaban llenos con sesiones de terapia, apoyo a padres, grupos de apoyo, intervención en crisis y servicios en el área de violencia familiar, y de múltiples programas de educación, vivienda y promoción. La oficina también servía como un espacio seguro para las familias y niños en tiempos de crisis, así como en tiempos de celebración en diferentes etapas de la vida, desde aniversarios y graduaciones hasta celebraciones de una madre que finalmente puede acceder a un hogar seguro.

 

¿Cómo íbamos ahora a continuar nuestra misión en este tiempo singular y desafiante cuando nuestras familias estaban en mayor necesidad y estábamos confinados? Un poco después de que el Bronx cerró sus puertas, yo (y muchos otros) comenzamos a implementar evaluaciones virtuales, sesiones de terapia y servicios de intervención en crisis vía FaceTime, WhatsApp, Google Duo y Zoom. No todas nuestras familias estaban equipadas para comunicarse virtualmente. Pero gracias a la generosidad de nuestros benefactores, pudimos dotar de iPhones a los padres de nuestros niños de manera que ellos pudieran continuar sus visitas y recibir nuestros servicios. Los padres adoptivos también recibieron medios para acceder a los servicios virtuales, así como nuestros adolescentes que son en su mayoría estudiantes. Rápidamente se hizo evidente que nuestras familias no tenían suficiente comida para dar a sus hijos. Esto se convirtió en una necesidad creciente ya que la mayoría de los niños habían estado recibiendo dos o tres comidas en la escuela, que había cerrado todo desde entonces. Una vez más, se hizo presente la abrumadora generosidad de nuestros benefactores y las familias y amigos del personal, así como la consideración de muchas de nuestras hermanas jubiladas (después que se enteraron de esta necesidad durante una de nuestras llamadas comunitarias de Zoom), envío de tarjetas de regalo para que las familias pudieran comprar comida. Su bondad conmovió hasta las lágrimas a muchas de las madres y madres adoptivas (así como a nosotras mismas). Nuestros trabajadores más jóvenes viajaron al sur de Bronx con sus carritos de compra entregando productos básicos (arroz, frijoles, sopa, pasta y comida enlatada) y las tarjetas de regalo para ayudar a las familias a hacer sus compras en sus vecindarios. 

 

La vida cambió dramáticamente, ¡pero nunca se detuvo! Parecía aumentar en energía a medida que todos contribuían a ampliar el círculo de amor y apoyo y encontraron maneras creativas de llevar la luz a la oscuridad de lo que la gente estaba soportando. Tengo que decir que nunca he sido demasiado conocedora de la tecnología, pero a lo largo de estos meses, he experimentado momentos tan profundos de gracia a través de estos encuentros virtuales. Me gustaría compartir algunas de estas experiencias. En abril, el padre adoptivo de uno de nuestros niños de siete años fue hospitalizado con COVID. Este chico, Angelo, tiene un historial de trauma severo y lamentablemente no había podido establecerse en una casa de acogida hasta que llegó a vivir con el Sr. G. No hace falta decir que Angelo estaba devastado y "asustado", como él dijo, de que el Sr. G no regresaría a casa. El padre adoptivo tenía una práctica tierna en la que le cantaba una canción de cuna a Angelo por la noche y le hacía cantarla de nuevo como una forma de calmarlo. Al hablar con la hija adulta de Sr. G, pudimos arreglar que Angelo tuviera FaceTime con el Sr. G por la noche. Cantábamos junto con Angelo explicando que el Sr. G lo estaba escuchando, pero no podía cantar. Esto fue suficiente para Angelo, quien encontró tranquilidad al ver a su padre adoptivo. ¿Pueden imaginarse la gran alegría cuando, una tarde, el Sr. G tuvo la fuerza para cantarle vía FaceTime, sin mencionar la alegría de su reencuentro cuando el Sr. G fue dado de alta del hospital? ¡Con el apoyo de un ayudante de salud en el hogar, Angelo fue capaz de reunirse con él! ¡Y Angelo está prosperando!

 

En mayo, durante una sesión de terapia con una de nuestras adolescentes, percibimos que ella era potencialmente suicida. Ella comprendió las reglas sobre la confidencialidad cuando le expliqué que su madre adoptiva necesitaba estar incluida en nuestro plan de intervención. Al final, ella aceptó ir a la Sala de Emergencias Psiquiátricas (SEP). Acordamos que caminaríamos hacia la SEP junto (virtualmente) con su madre adoptiva y que una vez dentro, después que ella fuera admitida, seguiríamos conectadas. Ella fue hospitalizada y la conexión virtual continuó. ¡Fue un momento de gracia para todos los que estuvieron involucrados! La sacralidad de la vida colgando de un hilo y la manera como acostumbramos hacer las intervenciones no era posible. Ese momento me permitió traer conmigo a casa lo sagrado y el poder de las relaciones humanas. Yo había trabajado con esta adolescente desde que era niña, y ya había habido hospitalizaciones anteriores, yo creo que esto fue una base para que ella pudiera confiar una vez más. Sin embargo, cuando una situación similar se produjo con otra adolescente que encontré por primera vez, la intervención fue similar pero diferente; para ella tuvimos que llamar los servicios de emergencia. En calma pudimos continuar conectadas (virtualmente) en su viaje en ambulancia hasta que fue admitida al hospital y los días posteriores hasta que la pudo regresar a su hogar de adopción.

 

Hay muchas historias. He organizado y asistido a fiestas de cumpleaños virtuales para niños, graduaciones virtuales, fiestas del té para madres y madres de adopción, y acompañado adolescentes virtualmente cuando ellos preparan sus maletas para ir a vivir a los dormitorios de la universidad cuando era seguro hacerlo. Nos hemos reunido virtualmente para confortar a familias de adopción que han perdido su pareja o sus hijos adultos a causa del COVID. Un pequeño grupo de padres de adopción viviendo cerca de los hospitales de la ciudad y rodeados de funerarias temporales (camiones con refrigeración) en la calle, preguntaban por orientaciones ya que estos camiones eran una fuente de miedo para los niños. Ellos querían reunirse para hablar juntos sobre cómo ayudar a los niños a hacer frente a esta realidad. En una conversación compartida, hubo un momento en donde su fe profunda era evidente cuando aprendían como hablar con los niños sobre esta dura realidad. Ellos decidieron orientar a los niños diciendo una frase de un salmo mientras pasaba las funerarias: “El Señor es mi Pastor”. Esta sugerencia surgió de ellos y para mí fue un momento de gracia profunda cuando hube escuchado la voz de mi pastor dirigiéndose a nosotros: “Yo estoy con ustedes, siempre con ustedes…”.

 

Entonces, ¿qué ha pasado en estos meses? Para mí, ha sido una invitación a estar cada día presente y estar abierta y disponible para la jornada que se presenta. Y, al final del día, yo agradezco a Dios por las personas que ha puesto en mi jornada y me siento llena de gratitud al haber encontrado tantos Rostros de Dios a lo largo del día. ¡Que bendecida soy!

 

(*de Oración durante una pandemia

Mantenerse conectados: A través de la generosidad de los benefactores, se proporcionaron iPhones
a los padres para que pudieran mantenerse conectados con sus hijos y continuar recibiendo servicios.