Un período de renovación para celebrar 25 años

 

La hermana Yvonne Clemence Bambara de la Comunidad Bobo-Dioulasso en Burkina Faso, parte de las Comunidades de África del Oeste, llego a Irlanda en septiembre de 2019 para comenzar el Programa de Formación Ministerial para Religiosas ofrecida por la  Unión Misionera Irlandesa (IMU) en Loreto House en Dublín. Durante ese año vivió con las hermanas en la Comunidad en Goatstown, Dublín. La hermana Yvonne optó por estudiar el programa como parte de su renovación y discernimiento durante su aniversario de plata de vida religiosa este septiembre.

 

¿Cómo ha cambiado el programa tu visión de la formación y el liderazgo?

Tengo ahora una visión nueva de la formación. Antes, pensaba que el formador era responsable de hacer todo para llevar a un participante desde el punto A hasta el punto B, pero ahora entiendo que el participante es el principal líder de su propia formación. Los formadores solo son guías para ayudarles a alcanzar un objetivo. También llegué a una apreciación de cómo el liderazgo tiene más que ver con respetar a las personas y valorar la individualidad que con completar una tarea concreta.

 

Dadas las realidades actuales, ¿cómo te retó el enfoque del programa respecto de aquellas personas con las que serás llamada a ejercer el ministerio y respecto de tu propio desarrollo?

Aprender sobre la nueva cosmología me adentró en una nueva forma de pensar. Esto me supuso un reto porque mi catequismo me había enseñado que Dios había creado el mundo en siete días. Sin embargo, esta nueva realidad me enseñó cómo incluso los átomos más diminutos evolucionaron durante billones de años para convertirse en humano o en flor. Esto supuso un verdadero proceso de aprendizaje para mi. El otro reto importante para mi tuvo que ver con temas relacionados con las personas LGBT. Por mis orígenes africanos, con una realidad y contexto cultural diferentes, tuve que atravesar un proceso de normalización en este sentido. Esto fue difícil para mi, por supuesto. Aún así, di la bienvenida a este reto de aprender a acoger y ejercer el ministerio con aquellas personas que pertenecen a esta comunidad – todos somos criaturas de Dios.

 

Hiciste prácticas durante tres meses en Bray Women’s Refuge. ¿Descubriste algo diferente a tu casa de acogida temporal en Burkina Faso?

La diferencia más importante fue el tipo de alojamiento. En Bray, cada mujer tiene una habitación privada para ella y sus hijos. En Burkina Faso las instalaciones son compartidas. También me impactaron todas las reglas y normas y la red tan extensa de agencias colaboradoras externas. Por supuesto, en Burkina Faso también contamos con socios, pero solemos actuar con espontaneidad para apoyar a las mujeres en su acceso a formación o para alargar su estancia. No es obligatorio esperar el permiso de agencias externas, como de la policía y los tribunales. Algo que descubrí en común entre ambos países fue cómo la falta de estudios y de oportunidades de empleo puede aumentar la vulnerabilidad de las mujeres cara a la violencia doméstica.

 

¿Cómo fue tu experiencia como parte de un grupo de 20 participantes de distintas nacionalidades?

Me sorprendió y asombró la riqueza de la cultura de cada persona y cómo nuestra vida de oración se llenó de vida a través de la música, el canto y el baile. Las distintas expresiones litúrgicas se entretejieron para crear algo nuevo. Esta oración auténtica se transformó en un estilo de vida en relación a lo Divino.